De mi entrada triunfal en España

Hambre

Cómo abruma el hambre y la hambruna,
cómo mortifica recorrer con la vista
el espacio infinito de un plato vacío.

Cómo abruma la espesa niebla de odio
que te ciega cuando, puntual,
acuden a la cita los retortijones
de tu tripa vacía .
¡Dios! Como abruma el hambre y la hambruna.

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Jamón serrano

Macabra imagen colgando
desde los techos de bares y tabernas.
Nada podía parecerse más
a las pesadillas descritas por Dante,
colgando todas como en el interior de una choza
de caníbales bien organizados,
cada una con un recogedor,
“paragrasas” de plástico
que impide que los parroquianos se la lleven puesta,
le da a primera vista un aire de artilugio médico,
algo que testimonia que todo aquello
está vivo y destila lentamente su agonía.

Mientras, sobrecogido y fascinado
ante la indiferencia general,
el bullicio tan propio de España
me aturdía como de una anestesia gótica se tratara:
mi mano respondía por su cuenta
a la cortesía de los saludos;
mi nariz, loca perdida
y excitada entre humo de tabaco negro
y frituras inmediatas,
nadaba alegre en el aroma que desprenden
las mareas dentro de las jarras de vino
y el mesón eternamente empapado
de tantos días de lluvia etílica.

Mis pies aventureros, ahora tímidos,
amenazados y medio sepultados
por trozos de pan liberados ya del peso de las tapas
y del martirio de los palillos,
exhibiendo, eso sí, dentelladas oleosas,
rodeados de servilletas como gasas
entre tanto superviviente allí abajo,
en la trinchera de la barra.

Sí, gracias, dije,
sin prestar mucha atención a mi mano,
incontrolada, que aceptaba y esperaba entusiasmada
y curiosa con un trocito de reserva la alegre respuesta de mi boca.

-¡Hum! ¿Esto qué es?
-Jamón.
-¿Jamón?
-Sí, jamón serrano.
-Como el de aquí arriba.

Entonces mi vista se levantó
hacia donde mi contertulio indicaba.

Ya era tarde, así de simple, como el amor,
en una nada, yo ya era uno de ellos,
mi placer en mi paladar era inmenso
(nada crea adicción tan rápido
como la buena mesa), mi vicio subía,
mi nariz era mi guía, mi mano, mi lazarillo
y todo aquel ¡nuevo mundo! llamado España
definitivamente me atrapaba.

Jamón serrano: nunca me olvidaré
de cómo y cuándo te conocí.

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Calçots

Navegantes de tierras profundas,
inmaculados, blancos, sin pecado.
Mudos, sordos, ciegos
pero capaces de ver su propio destino.
Desde las profundidades emergen magníficos
como peces de colas verdes.
Esperan felices la condena a la llama viva
sobre tálamo de pasión,
donde se visten sus negros smókings
esperando y disputándose la suerte de ser desnudados y engullidos
en una sola y profunda felatio.

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Berenjenas

Las berenjenas y las paltas
se disputan la elegancia,
poseen el brillo nocturno de los zapatos de charol
y del tango más solemne.

En cuanto al color
las berenjenas tienen rubor
de niñas buenas.
Y en cuanto a su forma,
parecen muslos de brasileñas.

Las berenjenas de carne están llenas
y con aroma a leña están más buenas.

Con aceite de oliva se bañan
como Venus nubias y como Cleopatra
que, siendo griega, seguro
las sirvió en mousaka.

Cómo me gustan las berenjenas,
joyas mediterráneas antiguas
tan apetitosas y sensuales como las “figues”.

¡Qué bien lucen sobre la mesa!.
Busca todas las recetas y léelas en voz alta
y que te escuchen ellas;
curiosamente, comprobarás, que no huyen,
al contrario, muy quietas se quedan
como orondas damiselas deseosas de ser amadas.

Me gustan las berenjenas en pintura, en fotografía y en la cena.
Escalibadas son martires golosamente engullidos por obispos y cardenales.

Reflexión final:
Excederse en la fascinación inexorablemente lleva al canibalismo.

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Las hierbas de Mallorca

Al final del túnel está la estación de Soller,
es pintoresca cubierta de cien pieles de yeso y siena;
dentro hay un bar donde puedes pedir hierbas
y siempre te preguntarán: ¿secas o dulces?.

Las saborearás lentamente
y pensarás que todo aquello que te rodea
es inalterable como el paraíso;
tu vista mientras tanto se perderá
en el interior de la botella,
entre su ramaje espeso empapado
en su propia atmósfera verde y cristalina,
y te preguntas qué tal vivir ahí,
dentro de esa espesura,
donde el anís gana a la hierbabuena, al tomillo, al tarongil.

Pasa el tiempo y una mano sobre el hombro te despierta
y te saca de ese universo de esmeraldas y turquesas:

-El último tren ya se ha ido –
comentó el mesonero, como si fuera una pérdida irreparable.

-Son doscientas pesetas.

Pago, salgo y paseo por la avenida entre árboles frondosos
pisando adoquines brillantes como olivas negras
desparramadas por las calles,
viajo perdido como una partícula
dentro de la femenina forma de la botella de hierbas
cubierta con hojas de cristal
como la inocente Eva;

ése era mi paso cósmico
flotando lleno de calma,
plácidamente único, importante,
ensimismado como si fuera una isla;
una verde isla suspendida en medio de un mar turquesa.

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Fragmentos de la mar mediterránea

Fragmentos de la mar Mediterránea

Qué difícil es saltar de esta isla de Mallorca
a la gran isla siciliana.

Las colinas de Sicilia
son enormes mamas de pechos verdes,
son tan grandes los aromas
que en Sicilia te pierdes, te emborrachas.

Qué difícil es vivir en Sicilia,
cuando vienes de la dulce vida de Mallorca.

Palma es una balsa de calma.
Palermo está enfermo,
de seculares infiernos azotada.
Palermo conserva intacta
toda la maldad en sus decrépitas fachadas;
mísero Palermo asusta,
le temo a todas sus miradas,
menos mal que al mar vive de espaldas.

Tan cerca dos islas y tan lejanas.

Yo vivo en el lado bueno de la medalla.

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Pulpos

Me encantaba la frase “pulpos capitalistas”
pintada en los muros de las fábricas;
me parecía una lucha “metafísica”
creada por la clase obrera chilena.

Cuando llegué a Roma,
vi por primera vez, detrás de una vitrina,
unos pulpos majestuosos
con sus dedos repletos de mil anillos de boda,
su piel rosácea –por la olla a presión-.
Ahí estaba yo frente a ellos, suculentos,
inmóviles sobre lechos de lechugas
entre perejil y pimientos,
pensando, boquiabierto,
“pulpos capitalistas, qué pueblo tan sabio
había aprendido a comérselos”.

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Italia de lino y lana

Yo lo impregnaba todo,
nada me tocaba ni de cerca,
era mi juventud alocada
no guardaba misterios ni prestaba atención a nada.

Todo era acción desmesurada,
ésa es la razón porque casi no me acuerdo de Italia
sólo de sus más íntimas substancias,
de los celos,
de sus hembras poderosas, posesivas insaciadas,
de mis hermosos trajes de lino, de lana.

Lino lana era mi vida,
al igual que una campana.
Lino lana ésa es la razón
por la que cuando vuelvo a Italia
una melancolía me aplasta.
Ahora lo veo todo, todo me traspasa
y me impregna ahora cuando sólo lana.

Cada mañana todo comenzaba
en aquella strada via Ser Ventura Monacci, número 9,
que allí no había baño, sólo taza y fregadero;
allí yo me lo hacía para salir por el portal
elegantemente vestido cada mañana.
Mi vida era un compendio
de lecciones aprendidas de Sordi, de Gassman,
un semáforo, una cafetería,
todo era el escenario donde yo actuaba
y todo lo impregnaba de mi alegría,
todos eran actores secundarios de mi película
y, como protagonista absoluto, mi papel
no tenía fin, nunca acababa;
no sé cómo tanta gente me adoraba.
Eso sentía todas las mañanas.

Pronto me hice con un elenco:
éramos tres, mi hermano Italo
y mi amigo de Brasil Eduaro Maia Dovale.
Tres pobres pájaros
vestidos de plumajes de lino y lana
recorrían las calles de Firenze y Prato.
De ilustradores y creativos vivíamos,
consiguiendo algún encargo
para nuestras flamantes neuronas.
Ahí cogí el hábito
de trabajar de noche y patiperrear de día.

Las aventuras fueron miles,
los inventos y las pinceladas saltaban
gracias al aliento mágico de tanta gente
ilusionada por nuestras aerografías;
fueron los auténticos mecenas de nuestras disparatadas vidas,
recibíamos encargos suficientes para vestir a la italiana,
aunque de noche “zuppa di cipolla” no faltara.

Con nuestra guardiana extraordinaria,
Alice Beatrice Gori, una gran dama pratese
digna de las más bellas poesías dedicadas.
Ella nos mimaba y nosotros la correspondíamos
dándole a sus últimos días
el calor de nuestras eufóricas risotadas
Penso a lei –.

Con lo fácil que es volver a Italia
y encontrarse con los mismos palacios y fachadas…
Pero ya no es lo mismo
que mis tiempos de lino y lana.

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Mallorca en bicicleta

Mis mejores versos están desparramados
por los campos de Mallorca.
Mis secretos les hacen compañía
entre los lomos de las ovejas,
entre las monedas plateadas de los olivos.

Mi máquina silenciosa
me lleva a la emoción de sentir
mi corazón agitado,
por la pedalada, no por la poesía,
pero eso ayuda al diapasón de la inspiración,
profunda a veces,
según lo dura que sea una cuesta.

“Venid a Mallorca en febrero
y veréis sus campos nevados
con la flor del almendro”.

Repito en voz alta mis estrofas
y a veces alguna oveja me anima
en mallorquín ¡bee!1.
No sé todavía
si por mi tour en bicicleta
o por algún giro en mallorquín
que siempre uso para adornar
mi silenciosa travesía.
Qué más da tour o giro,
¡Vatuadell!2.

Los campos de Mallorca
están cubiertos de poesía,
de la propia,
de la que siempre han tenido y no existe.
Mejor artilugio para cosecharla
que una ágil, fina, silenciosa y solitaria bicicleta.

Mallorca en bicicleta
es pura poesía.

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De mi entrada triunfal en España

Lo importante es la llegada,
dejar la barca suelta,
que se la coma el mar
con sus dentelladas blancas,
rabiosas, llenas de espuma;
pisar tierra sin abandonar la orilla
y caminar un rato por ella,
da igual si a izquierdas o a derechas,
antes de salir a tierra seca.

Porque cuando lleguen las luciérnagas,
con sus vientres cargados de tricornios
atraídas por el esqueleto de la patera,
no encontrarán las huellas de tu triunfal entrada en España.

Bendito sea todo aquel
que logra sobrevivir brevemente a su destino.

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Paleta de poeta

Reivindico el silencio

Hoy reivindico el silencio como algo intrínseco al arte:
el silencio para escuchar música,
el silencio para leer,
el silencio para contemplar una película,
el silencio elevado al cubo para caminar en silencio,
el silencio del ojo rodeando una escultura,
el silencio de la tela pintada como una llanura en silencio
el silencio imprescindible para escuchar a un poeta,
el silencio de los museos y las bibliotecas exactamente
al otro extremo del silencio lleno de angustia de las iglesias y de los cementerios
el silencio interior del artista que crea,
el silencio entre el final de la música y los aplausos
(siempre me he preguntado por qué no se aplauden a las pinturas
o en los parques a las esculturas),
el silencio de la luz cuando viaja por el espacio,
el silencio que el espectador honesto y receptivo necesita para conectar con el más elocuente de los silencios:
el arte.

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Paleta de poeta

¿Quién ha dicho que la pintura es muda y no sabe hablar?.
¿Quién ha dicho que la poesía es palabra y no tiene gesto?.
Ni la pintura es muda ni la poesía carece de pinceles.

¿Por qué negar a un pintor las palabras y a un poeta una paleta?.

A pintores y poetas
nos une la idea de haber provocado el hallazgo que te hace feliz
y promueve en ti un estado lírico,
entonces nace la poesía, la alegría es contagiosa
y terminas delirando de euforia;
te ves intacto y suspendido en el tiempo de los hombres,
todo provocado por la vanidad de sentir que algo hemos creado.

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El lienzo blanco

La luz es
lo que esperan las cosas
para existir a los ojos del hombre
y la vida es
lo que al individuo le ocurre
dentro de ella.

La madurez de los sentidos
y la sabiduría
dependen directamente de las experiencias.

Técnicamente, puedes afrontar el lienzo blanco
o un fondo preparado pensando siempre en:
“voy a poner un poco de luz a este asunto…

O, quizás mejor,
un poco de vida”.

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Pintando, conjurando

Al igual que los auténticos pintores tribales,
lo que hago es conjurar demonios.

El equilibro de no dejarse atrapar por ellos
es la mayor faena del pensamiento;
los únicos que nunca corren ese riesgo
son los pintores académicos;
el canon les permite existir en la cordura.

Goya es el más grande de los pintores tribales del conocimiento.
Él vivía del encargo realizado desde el puro oficio,
pero cuando se internaba en los laberintos de su propia mente
afloraban los demonios;
él fluctuaba entre el encargo y el rito de la verdad interior
expresada con la facilidad propia de un sordo.

Vivir en el equilibrio y la medida de cuándo abandonar
lo da el miedo al primer temor, a la primera angustia.
Abandona, ya volverás;
deja que se apacigüen los demonios en tu interior.

Soy pintor de hallazgos,
embadurno, empasto chorreo
y, de pronto, el lienzo me deja ver algo;
rápido, escarbo, lucho como en la pesca del pez espada
hasta que aflora en la superficie
y es ése el momento en que soy víctima sorprendida.
Entonces, temeroso, miro tras de mí
y pienso: “alguien me ha cogido la mano,
porque esto no lo he hecho yo”.

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La literatura olvidada de los pinceles

La pluma se divorció,
por su ambición desmedida –todo hay que decirlo-,
del resto de sus más íntimos,
esto es, del humilde lápiz colegial,
del carboncillo audaz, rudo y tiznado,
obrero al fin y al cabo.

Quizás, por ser alada,
la pluma se marchó con la Literatura
y subió al cielo de la mano de la Poesía
en un vuelo sin retorno,
siendo la única en acaparar
–hasta que llegaron las teclas bulliciosas-
los mimos de los escritores
y compartir con ellos
sus íntimas ansias de inmortalidad.

En muchas ocasiones,
este anhelo se ha cumplido en la realidad,
por lo que aún es posible encontrar
alguna viva detrás de una vidriera,
reposando como una jubilada por viudedad
en su sofá ergonómico de terciopelo,
con su cartelito:
“pluma perteneciente a…,
fiel compañera de…,
pieza valorada en…,
finos acabados…,
nótese la firma grabada sobre su funda…”

Injustamente olvidados,
ni los pinceles de Rembrandt ni los de Velázquez
están expuestos en ningún museo,
pues nadie se tomó la molestia
de rescatarlos del olvido, calvos e impotentes
(lo primero, por el exceso de roce;
lo segundo, debido a la falta de “tela”).
Abandonados, habrán encontrado su final boca abajo,
oliéndole el culo a alguna lata oxidada,
codo a codo con viejos amigos de paleta.

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Pigmento esencial

Éste es el testamento de un pintor que,
condenado a muerte como el resto de la humanidad,
esperaba de pie desnudo
en su desnuda celda,
en un rincón sus propias heces frescas,
la pared blanca esperando el ataque de sus dedos,
transformados en pinceles,
y un único pensamiento en su cabeza:
“finalmente, todo convertido en mierda”.

Porque ésa es la gran conclusión
que aniquila la humanidad y su conciencia:
el pensar que con la pena de muerte
se puede dejar a los que vengan
la justicia por herencia.

Epitafio.

Cuánto pensaré en vosotros
cuando muera.

Y ahí donde esté,
imploraré cada día
para que pronto vengáis a verme.

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Pintar caricias

Del tacto son hijas las caricias,
del tacto y del oído la codicia.

Pintar caricias, eso no es pedantería
porque el ojo toca lo que el pintor acaricia
y éstas en azul son caricias a la flor,
al pecho, a los muslos.

¡Míralas! ¡No las toques!
Son mis hijas.

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La mancha y el detalle

Las primeras y las últimas pinceladas
son las más grandes…
Esto es un paralelismo casi científico
de la visión del universo a través del microscopio
o a través del telescopio, ambas caben en el ojo.
Las pequeñas y las grandes pinceladas
otorgan idéntico placer al ojo.

He aquí mis pequeñas y grandes pinceladas,
he aquí las primeras y las últimas…

Ésa en definitiva es la semántica de la materia,
la mancha es puro azar,
el detalle sólo tiranía.

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A quien busca una patria.

En un puño cerrado

Cuántas cosas son capaces
de caber en un puño:
un pañuelo mojado de lágrimas,
un rosario pegajoso, incansable de sudar,
un poco de tierra o un poco de semillas.

En un puño caben los dedos para contar los hijos
y sobran para contar la paga.

En un puño cerrado
cabe asfixiada la libertad de todo un pueblo
y en un puño levantado toda su rabia;
en un puño blanco un juez
es capaz de esconder verdades como puños
y en un pequeño puño
el llanto de un niño pidiendo
un puñado de arroz,
un puñado de paz.

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Biología simple de la vida

Cuando se para el corazón,
¡ay, qué dolor!;
cuando ya no hay alegría,
¡ay, qué agonia!.

Vivir es beber del sol
con el corazón lleno de alegría,
como jugar a subir y bajar en ascensor,
como doblar una esquina,
como nacer un buen día…
eso es la biología simple de la vida.

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¿Luchar por la democracia?

Cuando sólo bastaría
con que gobernáramos plenamente
a nuestro antojo
el minúsculo mundo
de las “arcaicas divinidades” de los cereales.

A mi amigo Joao Leao y su fórmula de reforma agraria: Lote Luta Luto.

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La mecánica cuántica

El hombre textil cedió el oficio a la mujer
y él se transformó en matemático.

Pero los inseguros e indecisos siguieron hilando la eterna rutina
e inventaron el rosario
que teje monótonamente la nada,
única metáfora capaz de explicar el infinito,
único camino para cada día acortar
un poco más la esperanza.

Ahí estaba yo, sentado,
esperando sin esperanza,
viendo a aquél que enfrente de mí tejía su rosario,
aguantando infinitas horas de espera,
colgado del tiempo y del espacio
como una ecuación cuántica.

Los funcionarios salían y entraban
y todos nosotros, como cuerpos olvidados, esperando.

Él tejía y como una araña atrapaba el tiempo.
Le llamaron, se puso de pie
y, como si todo ese tiempo hubiese estado leyendo mi pensamiento,
se acercó y me lo puso en la mano.
No era más que un sinfín de pepas de calabaza.

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Safreig

El bullicio de la bolsa
en su apogeo
es el sonido de la selva
del capital.

Es la alaraca de los sirvientes
gritando la infinita ambición,
la falsa euforia de una carrera
de gráficos y puntos
en la tabla electrónica;
los empates también valen.

La bolsa no hace el amor,
es sólo masturbación:
“no cambies tus besos por euros”.

En la bolsa todo es invisible
y despiadado, sin rostro,
no hay más patrón que las apuestas
.
Yo sólo me acuerdo de otros tiempos,
aquellos magníficos momentos
en que la explotación se hacía,
cuerpo a cuerpo,
en las minas subterráneas,
en el tajo abierto,
en los campos extintos de caoba,
en las fincas de fuerte olor a piñas,
al rojo grano del café;
ahí el patrón estaba al alcance de tu puño y del sueño de una revolución.

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A quien busca una patria

A quien busca una patria
o porque no la tiene
o porque no se encuentra a sí mismo
o porque el amor a su tierra
es amor a trapos, a banderas,
amor cautivo, obligado,
amor a conformarse con su pareja.

A quien busca una patria
porque la suya muere enferma de lepra,
porque al caminar por sus calles
siente extrañeza, pena, soledad, tedio, náuseas
y una inexcusable prisa por morirse en la carretera.

A quien busca una patria
para sentirla, amarla
desde el primer momento de pasar su frontera,
una patria digna luchadora, alegre,
llena de hermanos, de calles llenas de alegría,
de alegría como la que nos da el sol cada día,
una patria nutricional,
de niños de sabia sonrisa,
niños con todos sus dientes de leche,
niños alegres en las eternas filas
para conseguir un poco de guarapo,
niños que esperan algún día
ver crecer a sus hijos en una gran patria,
una patria que ahora espera
con ansias a todos los patriotas del mundo
para liberarla.

Cuba

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No estamos solos

No perdáis el tiempo
intentando comunicar con seres lejanos,
sentimiento heredado de la creencia de la existencia de ángeles estelares;
estáis rodeados por millones de seres vivos,
sensibles e inteligentes.
Comunicar plenamente con uno solo de ellos
equivale a comunicar con todo el universo
y, como consecuencia, la humanidad daría fin
a la guerra y al acoso al que ha sometido a la naturaleza…

¿Acaso no sería ése el paso más importante
que nos llevaría de una vez de vuelta al paraíso?

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Consuelo

Al político

Por muy buena estrella
que hayas tenido al nacer,
¡ojo con la piel de plátano!.

Al extranjero

¿Cómo puedes traer sabores,
aromas y sonidos tan lejanos
estando tan cerca?

Al militar

Recuerda:
la patria es la única madre
que se alimenta del cadáver de sus hijos.

Al clero de cualquier credo

Dios no necesita intermediarios.

Al niño

Vivir es beber del sol.

Al poeta

Dilo al quiosquero,
díselo al cartero;
dilo por teléfono,
dilo a todas horas .

Al pintor

Sin modelo es perfecto.

Al arquitecto

Imposible sin crear sombras.

Al maestro

Otra vez de la A a la Z.